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Mexicanos denuncian riesgo en sus transplantes de riñón por falta de medicina

Pacientes temen verse afectados por la restricción impuesta por la Cofepris al medicamento Octralin, que ayuda a reducir el riesgo de rechazo de órganos trasplantados.

En el Día Mundial del Riñón, mexicanos con un trasplante renal denuncian riesgos de perder sus órganos ante el desabastecimiento de medicamentos y su baja calidad en el sistema público de salud.

“Ningún paciente renal es igual, cada riñón es distinto y cada proceso es diferente, pero el problema es que no hay medicamentos que garanticen a cualquiera que podrá mantener su trasplante sin el temor de un rechazo subclínico”, explicó a EFE Monserrat Linares, creadora de contenido y quien ilustra el día a día de un paciente renal en su canal Nefrópata.

Ella, que esperó más de 10 años por un trasplante de riñón, fue parte de los más de 2.710 mexicanos que recibieron un riñón en 2022, según datos del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra).


Pero hoy peligra ante la falta del medicamento para reducir el riesgo de rechazo de su órgano trasplantado por su sistema inmunitario.

Al cierre de 2022, más de 20,000 mexicanos estaban en espera de la donación de algún órgano.

De estos, más de 15,450 eran pacientes renales, casi 8 de cada 10 personas en espera.


El riesgo de Linares crece ante la restricción del medicamento Octralin por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) desde el pasado 13 de febrero, pues ha sido la única fórmula que le ha caído bien.

La fórmula que requieren los pacientes renales con un trasplante es Tracolimus, pero afirman que aún no existe un sustituto de calidad en el sector público para la marca Octralin, del laboratorio Raam, desde febrero pasado.


Algo similar ocurrió con la solución del laboratorio Pisa, desde 2019, cuando también fue retirado de los hospitales y clínicas públicas, sector al que acude la mayoría de pacientes ante el elevado costo del tratamiento.

“Nosotros como pacientes trasplantados necesitamos realmente medicamentos de calidad para no rechazar el órgano, y hay muchísimos casos que tenemos detectados de manera muy puntual de cómo fue disminuyendo la función renal al momento de consumir medicamentos de baja calidad”, comentó en entrevista Beatriz Rodríguez, líder de la Asociación de Enfermos Renales y Trasplantados de Puebla.


Rodríguez detalló que también hay un desabasto en los estados mexicanos de la fórmula tacrolimnus, así como de otras que requieren los pacientes renales, como azatioprina, ciclosporina, sirólimus, eritropoyetina, que sirven para no dañar o perder el órgano trasplantado.

Reflejo de ello es Diana, una niña de 10 años que vive con un trasplante de riñón desde los 7.


“Su riñón dejó de funcionar por estar cambiando de marcas y que sean de baja calidad. Ya no puede hacer su vida como antes, bajó de peso, no puede controlar su anemia, está en estudios cada 15 días, no puede salir porque tiene vómitos, mareos, sueño, dolores fuertes, retención de líquidos”, comentó a EFE su madre.


La pequeña Diana tendrá que volver pronto a hemodiálisis y esperar durante años un nuevo riñón. Antes tomaba también Octralin y ahora lo ha sustituido con Caritas.

“Es una falta a sus derechos que les den medicamentos de tan baja calidad. En teoría, es la misma sustancia y no debería haber un síntoma malo por cambiar de marca. La gente no sabe todo el proceso que se lleva para tener un trasplante y tirar por la borda todo esto por un medicamento malo”, insistió su madre.

Otro caso es el de Ileana Durán, de 40 años de edad y quien lleva dos trasplantes a la fecha. Ella enfrenta la enfermedad junto con su hijo de 17 años.


Su mayor temor también es “perder el injerto, mi trasplante y el de mi hijo, y perder esta gran oportunidad de vida”.

A ellos, se suma Ricardo Santuario, de 29 años. Él ya presenta un rechazo subclínico, además de desgaste de su función renal.

Otra de las alertas de los pacientes renales trasplantados es que ante la falta de un medicamento de calidad, su gasto en medicamento es mayor: los gastos pueden ir desde los 6,000 pesos hasta por encima de los 20,000 pesos.

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